La corrosión cambia por completo la lógica de selección.
En muchos proyectos, el problema no es la resistencia mecánica sino la compatibilidad química y la durabilidad.
Ataque químico del fluido.
Corrosión por ambiente externo.
Pérdida de espesor y vida útil reducida.
Austeníticos como 304 y 316 en muchos casos.
Duplex cuando se requiere mejor resistencia.
Aleaciones especiales en ambientes más agresivos.

WN y SO son frecuentes, pero el material manda más que el tipo.
En servicios severos, la selección debe considerar cara, junta y mantenimiento.
Líneas químicas.
Sistemas con limpieza frecuente.
Servicios con humedad y cloruros.
316 suele ofrecer mejor comportamiento en entornos más agresivos.
Cuando la corrosión y la exigencia mecánica son elevadas.
El material suele ser el factor decisivo en corrosión.
316 suele ofrecer mejor comportamiento en entornos más agresivos.
En la práctica, conviene cruzar el tipo de brida, la cara de sellado y el material con la aplicación real.